Después de dos años escribiendo sobre ciclismo y más cosas en Le Puncheur he pensado en abrir este nuevo espacio para escribir sobre otras cosas que no entrarían en el amplio espectro del que me han dejado escribir en Le Puncheur. Allí he escrito un montón de artículos que no eran propiamente de ciclismo, pero siempre tenían un hilo conductor en el ciclismo. Aquí no sé muy bien sobre qué voy a escribir, solo tengo claro este primer artículo.

En un mundo (de mierda) en el que solo se fomenta el consumo rápido de música, y la creación de canciones al peso, quiero reivindicar esa escucha activa de un disco, saboreando cada canción, canción que el autor se ha molestado en ordenar en base a un criterio. Esto es algo que yo siempre había reivindicado, pero cuando salió Hasiera Bat, Gorka Urbizu puso influencia a esos pensamientos que rondaban en mi cabeza.
Con su disco reivindicó y puso en valor esa forma de crear discos, no hizo ningún solo adelanto, ni siquiera se sabía que estaba preparando algo, simplemente a dos días de salir el disco puso un críptico texto en sus redes sociales y el día del lanzamiento nos enfrentamos a la experiencia que Gorka se había esmerado en preparar para nosotros y nosotras. Y es que para que podamos disfrutar de una música de calidad, necesitamos músicos que sigan confiando en esa forma de hacer discos y que no caigan en el single o en el EP como forma de vida. Larga vida a los compositores de verdad.


«Para dos minutos de canción tienen veinte escritores, hasta los manejadores son compositores»
Residente, Bizarrap


Y es que antes la composición era en el local de ensayo, un grupo que se juntaba a explorar lo que surgía de esa melodía, ese ritmo o ese riff que en su casa había compuesto cualquier integrante, era todo más emocional, ahora el proceso es muy diferente, ahora primero se compone la canción, y luego se busca quién la interprete (que en el mejor de los casos sí que la interpreta, en otros ni eso). Hay un vídeo de Tus Clases de Guitarra en el que compara los números 1 de las listas a través de los años, y el descenso de los grupos vs solistas es dramático. ¿Es que ahora los músicos son más individualistas? No, simplemente ahora muchísima música es prefabricada por los compositores contratados por las multinacionales que controlan la industria.

Me pueden decir que todo esto es la venganza de las multinacionales por la piratería, pero no nos engañemos… A los autores les pagaban una miseria por cada disco vendido, recuerdo a Platero y Tú decir que por cada disco recibían 50 pesetas de 3000 que costaba, y la autoedición era bastante más complicada (para empezar tenías que estar registrado en la SGAE). Pero vamos, que no me da ninguna pena el negocio musical, al contrario, más bien, por mí se pueden ir todos de la mano por un barranco bien grande.

Y todo esto ha contribuido al empobrecimiento musical, nos han dado dopamina fácil, cambiando el orden de los factores. Antes una canción tenía una intro, una estrofa, un estribillo, puentes que conectaban con las siguientes partes de las canciones, y hasta un outro que creaba una atmósfera de salida, pero ahora eso ha cambiado. Ahora el estribillo es lo primero que te enseñan porque intentan darte esa dopamina y engancharte desde los primeros 30 segundos matando toda la dinámica y toda la sorpresa. Es como si te compras un libro y a las 100 palabras te dicen quién muere. Y, como no, los algoritmos recompensan las canciones que te enganchan a los 30″, que a su vez es el número de segundos de canción que se pueden poner en las stories de las redes sociales, que se han vuelto la forma de escuchar música de las nuevas generaciones.


No es nuevo que las RRSS están disminuyendo nuestro poder de concentración y nuestra capacidad de atención, pero yo quiero reivindicar el volver a esa escucha activa que te hace sentarte (si es en compañía mejor) a encontrarte con un disco por primera vez. A enfrentarte a ello sin haber escuchado nada y disfrutar de lo que han preparado con mimo para ser escuchado. Y si es en un soporte físico, mejor, disfrutando del diseño elegido, leyendo las letras y hasta los agradecimientos. Volvamos a disfrutar de la música. Y no caigamos en la trampa de la tecnología. Otro día hablaremos de cómo la IA está empobreciendo la cultura y nuestro cerebro.